Socialismo

Frank Arellano
Revisión por Frank Arellano
Profesor de Historia

Qué es el socialismo

El socialismo es una doctrina sociopolítica y económica basada en la distribución de la riqueza y la justicia social. Propone para ello que el Estado participe en la economía regulando los medios de producción.

Esta ideología se expresa en corrientes muy diversas, que abarcan desde las moderadas y democráticas, como la socialdemocracia, hasta las expresiones más radicales y autoritarias, como el comunismo.

El término socialismo empezó a ser usado a comienzos del siglo XIX, en su sentido moderno, para referirse en Inglaterra a los seguidores de Robert Owen y, en Francia, a los seguidores del Conde de Saint Simon.

Los planteamientos de ambos surgieron como respuesta al capitalismo industrial y a sus desigualdades sociales. Owen proponía organizar la producción y la propiedad de bienes mediante cooperativas de trabajadores, mientras Saint-Simon pretendía refundar la sociedad y su desarrollo económico según los principios de la ciencia.

Poco después, se alzó la corriente más influyente del socialismo en la historia, la expuesta en las ideas de Karl Marx y Friedrich Engels, también conocida como marxismo.

Características del socialismo

  • Aspira a la igualdad social y cree que el Estado es responsable de garantizarla.
  • Politiza y moviliza a la sociedad, especialmente en torno al concepto de clase trabajadora.
  • Tiene nexos ideológicos con otras filosofías políticas como el liberalismo, la democracia y el republicanismo.
  • Abarca diversas tendencias de la izquierda política, algunas democráticas (centro-izquierda o socialdemocracia) y otras autoritarias (ultraizquierda).
  • En su origen, y en versiones radicales, aprueba propuestas y programas revolucionarios.
  • Tiene vocación universalista, por lo que se opone a los nacionalismos.
  • En la práctica, los Estados socialistas han tendido a la concentración de poderes.
  • En el siglo XX, los gobiernos socialistas procuraron estatizar los medios de producción, con lo que establecieron economías de planificación centralizada.

Modelo económico socialista

Los modelos económicos socialistas clásicos postulan la necesidad de hacer pública la propiedad de los medios de producción, esto es, de la tierra, fábricas, maquinaria, etc. Así, el pueblo en su conjunto tomaría las decisiones sobre qué producir, en cuánta cantidad y cómo distribuirlo para satisfacer las necesidades de la sociedad.

La meta de la economía socialista es lograr la distribución equitativa de la riqueza y que las personas obtengan bienestar. No obstante, los países socialistas presenciaron cómo su clase política generó excesiva burocracia. Tales países, como los de Europa del este en el siglo XX, desarrollaron economías de planificación centralizada y la propiedad pasó más bien a manos del Estado.

Con el tiempo, las economías socialistas con planificación estatal centralizada decayeron y se fracturaron al no poder adaptarse a las dinámicas del progreso social. La caída del muro de Berlín y la desintegración de la URSS provocó que la mayor parte de las economías socialistas desaparecieran en la década de 1990.

Economía socialista de mercado

Las economías socialistas de mercado consideran que la propiedad pública y las empresas estatales son fundamentales para el desarrollo social, pero entran en el juego de la producción de mercancías para el mercado y en sus reglas de competencia económica. Economías socialistas de mercado existen actualmente en China o Vietnam.

La reformas de las políticas económicas en estos países se han justificado al señalar las condiciones cambiantes de la economía global. Por eso, dicen apuntar a estrategias que lleven a un desarrollo económico positivo del socialismo.

Xiaoping y J. Carter

Deng Xiaoping junto al presidente estadounidense Jimmy Carter en 1979. Deng Xiaoping fue el gran promotor de las reformas económicas que abrieron a China al mercado mundial.

Socialismo y capitalismo

El capitalismo es un modelo económico que se propone adoptar las reglas del mercado y favorecer la acumulación de riquezas. Sobre este se ha teorizado a partir de experiencias históricas. El socialismo, por otra parte, surgió como una teoría social que, poco a poco, ha influido en distintos modelos de gobierno.

El sistema capitalista se basa en el uso del capital como fuente de bienestar, defiende la propiedad privada de los medios de producción y cree en la ley de oferta y demanda como regulador del mercado.

Por otro lado, el socialismo propone la regulación de la economía para garantizar la distribución de la riqueza y una mayor igualdad. Esto lo promueve a través de política públicas que encauzan la iniciativa privada con objetivos de justicia social.

Vea también Capitalismo.

Historia del socialismo

El socialismo surgió en la primera mitad del siglo XIX en Europa, como un intento por dar respuesta a los problemas causados por el capitalismo y la industrialización.

Antecedentes del socialismo en la literatura

Las ideas de comunidades bien organizadas, donde los intereses de la mayoría se priorizaban, son rastreables desde tiempos antiguos. Entre estas sociedades utópicas podemos hallar la descrita por el filósofo griego Platón, en su libro La República (siglo IV a.C.).

Otras ideas socialistas fueron canalizadas a través de la imaginación literaria de autores del Renacimiento. Así ocurrió con obras como la Utopía de Tomás Moro (1516), en la que se figuró una isla sin propiedad privada y cuyas autoridades eran elegidas por el voto. También la Ciudad del Sol (1602), de T. Campanella, quien proponía una "república comunista fundada en la concordia".

Sociedades protosocialistas

Diversos autores de los siglos XIX y XX describieron aspectos socialistas en comunidades del pasado. Así lo hizo K. Kautsky, quien estudió a los cristianos primitivos o, J.C. Mariátegui, al comentar las prácticas económicas agrícolas del Imperio Inca, vistas por como ejemplo de socialismo indoamericano.

Origen del socialismo moderno

A principios del siglo XIX, el capitalismo y la industrialización iban de la mano. Aunque hubo un aumento de la producción y de la riqueza, las mayores ganancias se concentraban en unos pocos. La diferencia económica entre las clases sociales se agudizaba, y la clase trabajadora era afectada.

Ante el problema, aparecieron teóricos que reflexionaron sobre el papel de los medios de producción y la distribución de la riqueza. De ese modo, diversas corrientes de pensamiento idearon cómo alcanzar mayor igualdad social.

La historia de las teorías socialistas modernas puede ser estudiada en dos corrientes principales:

  • Socialismo premarxista o utópico.
  • Socialismo marxista o científico.

Estas dos tendencias convivieron paralelamente con el anarquismo que, aunque tiene su propia tradición histórico-política, está estrechamente relacionado con el socialismo.

Socialismo premarxista o utópico

Corresponde a la primera etapa de formulación del socialismo. Dentro de esta corriente, destacaron los socialistas románticos, como el Conde de Saint-Simon (1760-1825), Charles Fourier (1772-1837) y Robert Owen (1771-1858).

  • Saint-Simon planteaba la necesidad de articular a los industriales con la sociedad, bajo un esquema colectivo de planificación.
  • Fourier promovía la formación de falansterios, que eran comunidades donde se quería distribuir las tareas de producción y los bienes de acuerdo con los gustos de las personas. Él creía poder hacer del trabajo un placer y no una carga.
  • Owen impulsaba la creación de cooperativas de producción y de consumo. Además, apoyaba que los hijos de los trabajadores asistieran a la escuela.

Falansterio

Litografía del siglo XIX. Muestra una imagen ideal del falansterio fourierista. En estas comunidades se llevarían acabo actividades de producción agrícolas e industriales, así como también educativas y de juegos. Cada persona debía trabajar según sus pasiones.

El nombre socialismo utópico fue acuñado por Friedrich Engels como una descalificación. Hacía referencia a la obra de T. Moro, Utopía, donde se describía una sociedad ideal, pero careciendo de métodos para organizarla.

Las críticas hacia el socialismo utópico apuntaban que la corriente era apenas idealista. Su teoría del cambio se basaba en nociones abstractas como la bondad, y desconocía, según Engels, el rol de la clase trabajadora como actor social.

Socialismo marxista o científico

El socialismo marxista fue posterior al socialismo utópico y procuró dar una respuesta objetiva y pragmática al problema de la desigualdad económica. Se basó en el materialismo histórico y en el análisis crítico del capitalismo.

Sus principales ideólogos fueron los alemanes Friedrich Engels y Karl Marx, quienes describieron la lucha de clases como motor de cambio social e histórico. El mecanismo de cambio sería la revolución de los trabajadores, lo que significaba reconocerlos como actores concretos de la sociedad.

La influencia del marxismo creció gracias a dos eventos significativos:

  1. La publicación del Manifiesto del partido comunista el 21 febrero de 1848.
  2. El estallido de las Revoluciones de 1848, proceso también conocido como Año de las Revoluciones o Primavera de los Pueblos.

Los diferentes socialismos y las Internacionales socialistas

La Primera Internacional

Las Revoluciones de 1848 representaron la entrada de la clase obrera como actor político en la sociedad contemporánea. Aunque fracasaron en sus propósitos políticos, impulsaron a los primeros movimientos obreros en Occidente. En la Asociación Internacional de Trabajadores o Primera Internacional coincidieron grupos de izquierda de variadas tendencias. Esta funcionó entre 1864 y 1876.

Revolución 1848Horace Vernet. Barricada en la calle Soufflot, el 25 de junio de 1848. La imagen presenta el cuadro general de revolución. En su centro se halla una bandera roja, conocido símbolo del socialismo.

La Segunda Internacional

En el año 1871 cayó la Comuna de París, que fue el primer intento por crear un gobierno de la clase obrera y que solo duró tres meses. Tal acontecimiento dividió a la Primera Internacional en dos bloques: uno anarquista y otro marxista. El marxismo reunió las diversas tendencias socialistas europeas y, en 1889, formó la Internacional Socialista o Segunda Internacional, que llegó a extenderse a América, África y Asia.

La Tercera Internacional

Con la Primera Guerra Mundial en 1914, las tensiones internas crecieron. Los sectores alineados con la Revolución rusa se separaron y formaron la Internacional Comunista o la Tercera Internacional en 1919, y la Segunda Internacional se vino abajo. Desde entonces, el comunismo pasó a representar la expresión más radical del espectro socialista.

La Cuarta Internacional

La Tercera Internacional estuvo bajo el control de los bolcheviques, que persiguieron a los disidentes. Esto dio lugar a una nueva escisión y a la formación de la Cuarta Internacional bajo el liderazgo de León Trotsky, ocurrida en 1938.

El comunismo chino o maoísta

Otra corriente socialista surgiría más tarde en China: el maoísmo. Este emergió al calor de las luchas anticolonialistas en China. Allí se fundó la República Popular en 1949, que tuvo una importante influencia en Asia y luego se convirtió en disidente de la Unión Soviética.

Mao China

Cartel de propaganda política china (1967). En este se lee: "El pensamiento de Mao Zedong ilumina el camino de la gran revolución cultural proletaria. Cortesía: Thomas Fisher Rare Book Library de la Universidad de Toronto (CC BY 2.0).

La socialdemocracia europea

Los sectores socialdemócratas de Europa occidental, caracterizados por su moderación, restituyeron la Internacional Socialista en 1951. En ella aglutinaron las fuerzas democráticas de la izquierda como alternativa frente a la radicalidad del comunismo.

De este modo se formaron las principales corrientes socialistas del siglo XX. Como observamos, el socialismo marxista no fue un movimiento unitario, sino que dio pie a múltiples corrientes: leninismo, stalinismo, trotskismo, maoísmo y demás partidos que marcaron el desarrollo de su historia.

Vea también:

Diferencia entre socialismo y comunismo

El socialismo y el comunismo comparten su origen, pero tomaron caminos separados desde finales del siglo XIX. Por eso, sus métodos para conseguir justicia social difieren.

Para el socialismo, el Estado tiene la función de mantener el equilibrio entre poderes económicos y políticos, a través de la democracia. Admite la propiedad privada de los medios de producción aunque, en algunos casos, puede reservarse la administración de ciertas empresas estratégicas de la nación.

El comunismo es una corriente que se mantiene radical, pues propone alcanzar la absoluta igualdad de clases sociales. Esto supone eliminar la propiedad privada de los medios de producción. El Estado se encargaría de arbitrar los poderes mediante una fuerte burocracia de partido único, así como de dirigir y ejecutar las actividades productivas.

Puedes profundizar en:

Bibliografía

Arellano, Frank (2017) "Críticas a la industrialización y socialismo utópico en el siglo XIX: el caso del fourierismo en los Estados Unidos". En Huellas de Estados Unidos. Número 12, páginas 86-101.

Engels, Friedrich (1969) Del socialismo utópico al socialismo científico. Aguilera Ed. Madrid.

Gaido, Daniel; Luparello, Velia & Quiroga, Manuel (ed.) (2020) Historia del socialismo internacional. Ensayos marxistas. Ariadna Ediciones. Santiago.

Paris, Robert (1980) "José Carlos Mariátegui y el modelo del comunismo inca". En Allpanchis. Vol. 12, número 16, páginas 9-18.

Suliman, Mohamed Osman (ed.) (1998). China's Transition to a Socialist Market Economy. Greenwood Publishing Group. Wesport.

Cómo citar: (06/09/2022). "Socialismo". En: Significados.com. Disponible en: https://www.significados.com/socialismo/ Consultado:

Frank Arellano
Revisión por Frank Arellano
Licenciado en Historia (2010) y magíster scientiae en Lingüística (2015) por la Universidad de Los Andes en Mérida.